La Federación Gallega de Automovilismo (FGA) ha dcidido “retocar” el reglamento técnico del Campeonato Gallego de Rallyes (CGR) una vez celebradas las dos primeras pruebas. Impone a partir de ahora la misma limitación que ya aplicaba la Real Federación Española de Automovilismo (RFEdA) a los Porsche 997 GT3 versiones 2010 y 2008. Un movimiento sorprendente que ha dejado a pilotos, equipos y afición entre incrédulos e indignados.

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Dejando de lado los razonamientos técnicos, y mi poco conocimiento del proceder en el CGR, puesto que la temporada pasada el escenario era exactamente igual que el de esta, la forma, el tiempo y el modo en que se ha comunicado son inadecuadas y altamente perjudiciales para los afectados. especialmente el tiempo, apenas unas horas tras la finalización del Ralli do Cocido, segunda prueba puntuable del certamen, no ha hecho más que agravar las consecuencias. Este tipo de decisiones, en caso de no estar recogidas previamente el el reglamento, pueden llevar a la ruina (literalmente) a equipos profesionales a los que les “roban” su trabajo.

Similitudes de actuación en el caso de la RFEdA y de la FGA, mismo criterio técnico (acertado o no) e inadecuada su aplicación temporal. En ambos casos han dado poco o ningún margen a los implicados directamente en la decisión. Las formas llegan a rozar el término “canallada”, propio de canallas, según la RAE, gente baja, ruín; persona despreciable y de malos procederes.

La denominación profesional implica gestores preparados y gestiones adecuadas, a todas luces inexistente en los actos descritos.

Hay muy poca tradición en España de afrontar este tipo de decisiones de manera profesional, impera más la “testoteronal”. La denominación profesional implica gestores preparados y gestiones adecuadas, a todas luces inexistente en los actos descritos. La forma de afrontar el mismo “problema” por los dos entes, ambas Federaciones, ha sido totalmente amateur, caprichosa y volátil.

P. Burgo / M. Burgo Porsche 997 GT3 2010_Rally Sierra Morena_CERA16 (foto: Nacho Rodríguez)

P. Burgo / M. Burgo Porsche 997 GT3 2010_Rally Sierra Morena_CERA16 (foto: Nacho Rodríguez)

Para que los reglamentos técnicos de nuestros campeonatos de rallyes sean apropiados, deberían cumplir al menos estas directrices:

1.- Aprobación definitiva con antelación suficiente. Podrían ser 6 u 8 meses de anticipación, pero sobre todo debería permitir a los implicados adecuarse conveniemtemente a las mismas.

2.- Explicación razonada de las variaciones del mismo. Estas explicaciones deberían incluir datos, estudios y/o antecedentes o medelos que se han seguido para su aprobación.

3.- Variaciones futuras cerradas. Que el propio reglamento técnico especifíque expresamente (sin ambigüedades y redactado con claridad) si se admiten variaciones o modificaciones durante su aplicación.

4.- Variaciones futuras tasadas. Es decir, que en caso de poderse variar, debe de explicar de antemano los casos y el grado de los mismos, el máximo y el mínimo. Un claro ejemplo es el sistema de hándicap en el que se basan muchas competiciones de turismos.

5.- Avance de las líneas generales de futuros reglamentos.  Hay que hacerlo con suficiente antelación, entre un año y año y medio, para favorecer el debate constructivo y buscar el mayor entendimiento entre los implicados.

Estas son unas medidas básicas y mínimas para dotar a nuestros reglamentos de una SEGURIDAD JURÍDICA que, a las muestras me remito, ahora mismo no tenemos. esa seguridad es BÁSICA para el progreso de nuestro deporte. Es NECESARIA para que el público se enganche, para que los medios de comunicación se hagan eco y para que marcas y patrocinadores se sientan atraídos. Es fundamental para el ÉXITO.

Sería una pena (más bien desastre) que 2016 se convirtiera en una temporada perdida para Iván Ares

¿No se dan cuenta de esto en las federaciones? ¿Es por falta de interés, profesionalismo o medios? El caso es que ambas decisiones se han tomado tarde, mal y casi a traición. Ninguna federación debería tratar así a sus federados. Además, todas esas decisiones han “acorralado”, directa o indirectamente, por aciertos o errores de planificación propios, a una de las mayores promesas de nuestro deporte y sería una pena (más bien desastre) que 2016 se convirtiera en una temporada perdida para Iván Ares.

Nacho Rodríguez

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