Una de las particularidades de mi vida laboral es mi condición de ciudadano del mundo. Realizo largos viajes con mucha asiduidad, lo que me sitúa un día en mi casa, al día siguiente en la cuneta de una prueba del CERA y dos días más tarde a orillas del Oceano Pacífico en Lima, Chile o, como sucedió el pasado fin de semana, en Los Ángeles, California. Esta movilidad es para lo bueno, me permite conocer mucho mundo y mucha gente y de vez en cuando me permite acudir a algún evento, pero también para lo malo, me rondan terremotos y huracanes cuando no revueltas sociales o inseguridad extrema, cosas que no estas libre de que te pasen en casa, pero que con tanto viaje se multiplican las posibilidades. Es mi vida, llevo mucho tiempo disfrutándola / sufiendola, pero me gusta, me engancha y además es mi trabajo.

(foto: Verizon IndyCar Series)

(foto: Verizon IndyCar Series)

El pasado fin de semana el azar, más bien mi trabajo, me colocó en Los Ángeles. Ciudad rabiosa donde las haya, el extremo más histriónico de las ciudades de Estados Unidos, la mezcla de lo más exquisito y lujoso con lo más extravagante y lo más tirado. Siempre plena de acontecimientos me ofrecía un menú interesante para esos días, beisbol, partido de los Dodgers, música, con el piji festival/pasarela de tontería de Coachella, NBA, partido de Play Offs entre LA Clippers vs Trail Blazers de Portland, o motor, cita de la Indy en Long Beach. Como es lógico, me decanté por el etanol de los Indy.

(foto: Nacho Rodríguez)

(foto: Nacho Rodríguez)

En mis muchos años de automovillismo, como comisario, organizador o aficionado, he asistido a muchas citas. No han sido sólo rallyes, ha habido mucho circuito en España y fuera, y motos, tanto de campo como de circuito, o camiones, de circuito o del Dakar, bicis, vela y muchas cosas más que se me olvidan o de las que mi cerebro ha borrado cualquier recuerdo de manera selectiva (siempre existe un “en peores plazas he toreado”). De entre todas ellas sobresalen los rallyes, aunque otro de los eventos que ha robado mi corazón a gasolina han sido las 24 Horas de Le Mans, cita a la que ya he podido asistir y a la que tengo que volver más pronto que tarde.

(foto: Nacho Rodríguez)

(foto: Nacho Rodríguez)

La Indy ha pasado por muchos cambios y dificultades, escisiones y errores de bulto que la han llevado a “desaparecer del mapa” en varias ocasiones.

Historietas de abuelo cebolleta aparte, una de las asignaturas pendientes que me quedaban era asistir a las dos grandes competiciones automovilísticas de los USA, la Nascar y la Indy, la cual desde este fin de semana ya tengo en mis recuerdos. Si hay una carrera de la Indy con historia, 500 Millas de Indianapolis aparte, es la cita de Long Beach, con más de 40 ediciones celebradas en las calles de la ciudad californiana ya entra en la leyenda de las pruebas más longevas de los Estados Unidos. La Indy ha pasado por muchos cambios y dificultades, escisiones y errores de bulto que la han llevado a “desaparecer del mapa” en varias ocasiones. Sus diferentes denominaciones a los largo de las ultimas decadas, CART, Indy Racing Laegue o Indy entre otras, has sido motivadas por cambios de promotor, escisiones entre organizadores, peleas por derechos de televisión, entre equipos, propietarios, circuitos y más. Su situación ha sido de enfermo en coma en más de una ocasión. Finalmente, en su enésimo intento de consolidación, la Indy está empezando a recuperar terreno, aunque aún les queda mucho, demasiado, camino por recorrer.

Los tres pilares sobre los que se asientan las competiciones del motor en USA son la igualdad mecánica, los pilotos y el público, algo de lo se empieza a adolecer en Europa.

Los tres pilares sobre los que se asientan las competiciones del motor en USA son, la igualdad mecánica aunque se consiga por el camino de la simplicidad tecnológica, los propios pilotos cuyo nombre y reputación es su mayor activo y el público sobre el que gira todo el negocio. Si rascamos un poco, son los tres puntos de los que cada vez están más lejos algunas competiciones europeas, por no señalar con un dedo directamente a la Fórmula 1.

(foto: IndyCar Series)

(foto: IndyCar Series)

En mi caso no fue necsario mucha planificación para asisitr a la carrera, más bien nula antelación. Por una lado esa facilidad hace que en el último momento se pueda enganchar más gente que si se necesitase más preparación. Ayuda a que sea un circuito urbano y aunque el transporte en Los Angeles es caótico, no impidió que a las 08:30 de la mañana del domingo ya hubiese comprado mi entrada y hubiese entrado en el circuito.

(Continúa)

Nacho Rodríguez

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